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DANIEL GUEBEL - El día Feliz de Charlie Feiling

Libro: El día Feliz de Charlie Feiling
Autor: Daniel Guebel, coutoria Sergio Bizzio
EDITORIAL: Beatriz Viterbo

Medio: Diario Perfil /Suplemento Cultura / Domingo 28 de agosto de 2006
autor/a de la nota: Nicolas Mavrakis
Libro: El día feliz de Charlie Feiling
Autor: Daniel Guebel, coutoria Sergio Bizzio
EDITORIAL: Beatriz Viterbo

UN RECUERDO EXTRAORDINARIO

Charles Edward Feiling, para sus padres; Carlos Eduardo, ante la ley; Charlie, para sus amigos; es sin embargo “C.E. Feiling” (1961-1997) la rúbrica que perdura en las novelas El agua electrizada, Un poeta nacional y El mal menor, en el poemario Amor a Roma y en Con toda intención, la compilación póstuma de su rica labor como periodista cultural.
Periodismo, narrativa y poesía: tres aristas idóneas para hilvanar las acciones que, en su primera novela escrita en colaboración, Guebel y Bizzio (coautores teatrales de las piezas La China y El amor) lían para recrear junto al mismo Charlie –como amigos y colegas, como personajes literarios– el que fue en Ramallo, pocos años antes de morir, el día más feliz de la vida del escritor ausente.
Como un trío dinámico, Guebel, Bizzio y Feiling surcan una jornada de puro esparcimiento que, abierta con un poema, aborda la crónica de “la vida real de los escritores” durante su reposo junto a un arroyo, espacio donde las discusiones literarias (desde Cortázar hasta Nabokov, pasando por el conflicto que mantuvo Feiling con Osvaldo Soriano en Página/12) y los pormenores de un pueblo emplazan el pasaje a través del cual el lector puede asomarse “al resplandor de las iluminaciones íntimas” de C.E.F.
Como si lo privativo de la amistad encerrada en la anécdota sólo pudiera liberarse gracias a la literatura –“la poesía es hacer presente lo que está ausente”, dice Feiling–, Guebel y Bizzio se integran en un narrador cuya omnisciencia representa personajes que no sólo aportan mucho humor (un psiquiatra y su mujer ninfómana, un ex montonero menemista, el hijo dolido del manager de Conexión N° 5), sino que se disponen como embragues para perfilar, por mera interacción, la inteligencia, la gracia y el atractivo de C.E.F. A partir de allí, el texto juega y trabaja con las ventajas y desventajas del lenguaje para bordar una semblanza, y es cuando más se aceita esta fricción entre la amistad como experiencia, la escritura como conciencia y la literatura misma como peripecia que la novela logra su mejor factura y cometido: un envión extraordinario de los autores, a partir de su reflexión sobre “la imposibilidad del retrato literario”, hacia la obra –esa sustancia perdurable– de un escritor al que no le cabe la tónica áspera del obituario.